Cuando hablamos de la feminización de la pobreza nos referimos al aumento de las tasas de pobreza principalmente entre las mujeres. Las definiciones académicas e institucionales de este concepto explican por qué las mujeres engrosan esta tasa: los roles de género, la división sexual del trabajo, la dificultad para acceder a la educación y a un trabajo digno y la discriminación histórica y presente hacia las mujeres, que son solo algunos de los motivos que afectan directamente a la estructura social.

Feminización de la pobreza es una expresión creada a finales de los años 70 para cuestionar el concepto de pobreza, sus indicadores y sus métodos de medición, y señalar un conjunto de fenómenos que, dentro de la pobreza, afectaban con mayor frecuencia a las mujeres.

La feminización de la pobreza es un proceso, un cambio en los niveles de pobreza, con una tendencia en contra de las mujeres o los hogares a cargo de mujeres .

Otras investigaciones sostienen que la feminización de la pobreza ha de entenderse como un proceso que hace aumentar la brecha de pobreza entre géneros.

Pobreza desde la perspectiva de género[

A los diversos enfoques que existen para definir el fenómeno de la pobreza, la perspectiva de género aporta las críticas a índices y mediciones de la pobreza así como la necesidad de incorporar otros factores y mediciones. Es muy significativo el cuestionamiento de la medición por ingresos.

El método tiene limitaciones para mostrar las desigualdades de género al desconocer, en términos monetarios, la contribución al hogar del trabajo doméstico no remunerado, lo que puede determinar una diferencia importante en el ingreso por hogar entre aquellos que cuentan con el trabajo doméstico gratuito de la cónyuge y aquellos hogares en los cuales no se cuenta con una persona dedicada exclusivamente a este trabajo. Por último, la medición de ingresos no capta las diferencias de género en cuanto al uso del tiempo y a los patrones de gasto, dos elementos que ayudan a caracterizar mejor la pobreza y a diseñar mejores políticas.4

La perspectiva de género permite entender mejor aspectos de la pobreza como son la familia, pues desde la perspectiva de género se estudian las relaciones entre varones y mujeres.

feminización de la pobreza

¿Igualdad de oportunidades?

De los 1.300 millones de personas que viven en pobreza extrema, 910 millones son mujeres.

Dos tercios de las 796 millones de personas adultas analfabetas son mujeres. El 61% de los 123 millones de jóvenes que no saben leer ni escribir también son mujeres.

Sólo entre el 1% y el 3% de las mujeres empleadas son propietarias de una empresa.

A comienzos de 2013, la representación de las mujeres en los Parlamentos del mundo no superaba el 20%.

Las mujeres de los países empobrecidos no poseen ni el 2% de la tierra cultivable, pero producen el 70% de los alimentos.

Ser pobre, ser niña o vivir en una zona en conflicto aumenta la probabilidad de no acceder a la educación.


Matrimonio, embarazo y maternidad: el estigma femenino

En 2012, se produjeron 287.00 muertes maternas por complicaciones en el embarazo que se podían haber evitado.

Cada minuto, una mujer muere en el mundo por complicaciones durante el embarazo o parto.

350 millones de mujeres en el mundo no tienen acceso a servicios de planificación familiar.

Cada año, 600.000 mujeres jóvenes, de entre 15 y 24 años, se infectan de VIH/SIDA.

En los países en desarrollo, más de 60 millones de mujeres y niñas son forzadas al matrimonio o vivían en pareja antes de haber cumplido 18 años. Más de la mitad de ellas viven en Asia meridional.

En Bangladesh, un 32% de la población infantil se casa antes de los 15 años y un 66%, antes de los 18. En Mozambique, los porcentajes son del 21% y 56% respectivamente; y en India, del 18% y 47%.


Violencia contra la mujer

Cada 15 segundos, una mujer es maltratada en alguna parte del mundo.

El 70% de las mujeres asesinadas en el mundo lo son a manos de sus parejas.

La violencia de género es la principal causa de muerte o discapacidad de las mujeres de entre 16 y 44 años.

Unos 150 millones de niñas menores de 18 años han experimentado actos de violencia sexual y explotación.

El número de niñas que sufren abusos es entre 1,5 y 3 veces mayor que el de de niños.

Historia

El concepto «feminización de la pobreza» fue acuñado a finales de la década de los 70 en Estados Unidos. La primera mención del término se atribuye a la investigadora Diana Pearce en su trabajo «The feminization of poverty: Women, work, and welfare«5​ referido al aumento de los hogares encabezados por mujeres en EE. UU. y la correlación de este hecho con el deterioro de sus condiciones de vida en términos de pobreza por ingresos.1

En la década de 19806​ se desarrolló la noción para cuestionar conceptos, indicadores y mediciones de la pobreza que impedían ver que había una mayor cantidad de mujeres pobres que la de hombres, una pobreza femenina más aguda que la de los hombres y una tendencia a un aumento más marcado de la pobreza femenina relacionada con el aumento de los hogares con jefatura femenina. Desde entonces estos indicadores se vienen cuestionando en el debate sobre la “feminización de la pobreza”. Concretamente, se ha discutido que la jefatura del hogar sea un buen indicador de pobreza.4​ A pesar de las investigaciones que se llevaron a cabo, el impacto del concepto feminización fue bastante más limitado en la práctica, porque no fue seguido de suficientes estudios empíricos y porque se centró en dos indicadores: “las mujeres jefas del hogar» y la «maternidad precoz«.

En la IV Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995, se afirmó que el setenta por ciento de los pobres del mundo eran mujeres. En esta Conferencia se acordó que la Plataforma de Acción dedicara una de las doce áreas críticas, a la erradicación de la pobreza que enfrentan las mujeres.

Naciones Unidas reconoció en el 2009 que «las crisis financieras y económicas» tenían «efectos particulares sobre las cuestiones de género y constituían una carga desproporcionada para las mujeres, en particular las mujeres pobres, migrantes y pertenecientes a minorías». Los recortes del gasto público en el sector social incidían negativamente en la economía asistencial», agravando las responsabilidades hogareñas y asistenciales de las mujeres.7​La Comisión reconocía la necesidad de integrar una perspectiva de género en los marcos macroeconómicos, haciendo un análisis de las políticas económicas y auditorías desde la perspectiva de género.

La autonomía económica y la violencia de género

Respecto a la autonomía económica, la situación actual presenta una gran cantidad de mujeres cónyuges que viven tanto en hogares pobres como en hogares no pobres, y que debido a su actividad principalmente doméstica están en una posición de dependencia con relación al jefe del hogar, siendo ésta una de las formas de la violencia de género.

Por otra parte, la violencia inhabilita a las personas para gozar de autonomía en la medida en que dificulta el acceso de las mujeres al mercado de trabajo.4

En cuanto a los patrones de gasto, las mujeres invierten una parte mayor de sus ingresos en el bienestar de los niños en el hogar. Los hombres tienden a reservar una parte significativa de sus ingresos para el consumo personal. Además, si sus ingresos disminuyen, tienden a mantener su consumo personal.

La CEPAL ha definido la pobreza tomando en consideración sus diversas dimensiones.

“el resultado de un proceso social y económico con componentes culturales y políticos en el cual las personas y los hogares se encuentran privados de activos y oportunidades esenciales por diferentes causas y procesos, tanto de carácter individual como colectivo, lo que le otorga un carácter multidimensional”

La medición de la pobreza desde la perspectiva de género incluye la medición del trabajo no remunerado, bien mediante la imputación de un valor monetario o bien mediante la asignación de tiempo.

Al tener en cuenta el tiempo invertido en cada uno de estos trabajos es posible visibilizarlos de manera que la sociedad los valore y pueda percibir las desigualdades de género en la familia y en la sociedad. Además, esta asignación de tiempo permite calcular la carga total de trabajo, concepto que integra tanto el trabajo no remunerado como remunerado.

Por otro lado se aportan criterios para la medición de dimensiones no monetarias de la pobreza. Estas dimensiones son el uso del tiempo y la carga de trabajo, los tipos de gastos y la violencia de género.